Inicio / Editorial / Opinión / ¿Estamos dejando de pensar?

¿Estamos dejando de pensar?

Por Elkin Calvo

Mientras las pruebas PISA muestran un deterioro mundial de la lectura, un investigador de Anthropic renuncia advirtiendo sobre sistemas que podrían superar nuestro control. Dos noticias distintas que plantean una misma pregunta: ¿qué estamos haciendo con nuestra inteligencia en la era de la IA?

Imagen creada con IA

Los nuevos resultados de las pruebas PISA encendieron nuevamente las alarmas sobre la educación mundial, más de 760.000 estudiantes de 15 años, pertenecientes a 91 países y economías, participaron en la evaluación internacional. Los resultados muestran un deterioro preocupante de capacidades fundamentales como la lectura, las matemáticas y las ciencias. La lectura, particularmente, se encuentra en sus niveles más bajos desde comienzos de este siglo, no estamos hablando solamente de países pobres o de sistemas educativos con pocos recursos. El problema también aparece en algunas de las sociedades más desarrolladas del planeta. (www.reuters.com)

Estados Unidos es un buen ejemplo. Ya en PISA 2022 había obtenido uno de sus resultados históricos más bajos en matemáticas, aunque se mantenía por encima del promedio de la OCDE en lectura y ciencias. Los resultados más recientes vuelven a mostrar dificultades importantes en lectura y matemáticas. Es decir, tener computadores, conectividad, universidades prestigiosas y enormes inversiones tecnológicas no garantiza necesariamente que una sociedad esté aprendiendo mejor.

La OCDE está comenzando a mirar lo que sucede con la inteligencia artificial dentro de las aulas, los resultados no permiten concluir simplemente que utilizar IA vuelva menos inteligentes a los estudiantes. La realidad es bastante más compleja. Sin embargo, los estudiantes que recurren a estas herramientas principalmente para resumir textos, redactar trabajos o resolver tareas tienden a obtener peores resultados, mientras que los efectos son diferentes cuando la tecnología se utiliza como instrumento de aprendizaje y existe formación para evaluar críticamente sus respuestas. 

Será que ¿estamos utilizando la inteligencia artificial para pensar mejor o para evitar pensar?, mientras conocíamos estos resultados educativos, Jacob Coxon, investigador que trabajó durante los últimos tres años en OpenAI y Anthropic, anunció su renuncia a esta última compañía, haciendo una advertencia: considera que las principales compañías de inteligencia artificial están compitiendo por desarrollar sistemas cada vez más poderosos sin haber resuelto suficientemente cómo controlarlos

Coxon aseguró que las personas que construyen estos sistemas consideran seriamente la posibilidad de que una inteligencia artificial avanzada pueda representar un riesgo existencial para la humanidad antes de terminar esta década. No significa que exista una predicción científica según la cual todos vayamos a morir en 2030, se trata de una advertencia sobre un riesgo que algunos investigadores consideran suficientemente grande como para exigir cambios en la manera como se desarrolla esta tecnología. 

Evan Hubinger, quien trabaja precisamente en el problema de cómo conseguir que sistemas de inteligencia artificial avanzados permanezcan alineados con objetivos humanos, respaldó públicamente parte de la advertencia. Según su propia estimación, existe una probabilidad superior al 10 % de que la inteligencia artificial pueda provocar la extinción humana durante la próxima década; también reconoció que, todavía no existe un plan que garantice resolver el problema de alineamiento de una futura superinteligencia. 

Podemos considerar exageradas estas predicciones. Podemos discutirlas. De hecho, existe un amplio debate científico sobre la verdadera magnitud del llamado riesgo existencial de la inteligencia artificial, pero no deja de resultar difícil ignorarlas cuando quienes lanzan la alarma son personas que trabajan dentro de las compañías que están construyendo estos sistemas.

Entonces, por un lado tenemos generaciones con crecientes dificultades para leer profundamente, comprender textos complejos, sostener la atención y resolver problemas. Por otro, estamos desarrollando máquinas capaces de escribir, resumir, programar, investigar, producir imágenes, analizar documentos y participar cada vez más en nuestras decisiones.

El verdadero peligro inmediato quizá no sea que mañana despertemos dentro de una película de ciencia ficción y descubramos que las máquinas decidieron dominarnos, la dificultad esta en que nosotros mismos renunciemos progresivamente a pensar.

Cada vez que pedimos a una inteligencia artificial que lea algo que nosotros podríamos leer, que escriba algo que nosotros deberíamos intentar escribir, que formule una opinión que no hemos construido o que tome una decisión que nos corresponde asumir, estamos desplazando una pequeña parte del esfuerzo cognitivo hacia la máquina, eso no convierte a la inteligencia artificial en enemiga, múltiples ejemplos ha dado la humanidad sobre ello: una calculadora tampoco destruyó las matemáticas. Internet no destruyó automáticamente el conocimiento. Los libros tampoco acabaron con la memoria humana cuando comenzaron a extenderse hace siglos, lo que es una realidad es que las tecnologías pueden ampliar nuestras capacidades, el problema comienza cuando dejan de ampliarlas y empiezan a sustituirlas.

Una inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar argumentos, pero no debería decidir qué pensamos. Puede corregir nuestra escritura, pero no debería quitarnos la necesidad de aprender a escribir. Puede resumir cien páginas en segundos, pero ese resumen no necesariamente reemplaza la experiencia intelectual de atravesar cien páginas, detenerse, dudar, regresar sobre una frase y construir una interpretación propia.

Leer no consiste en recibir información, significa aprender a pensar, esa es quizá una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: nunca habíamos tenido acceso a tanta información y, al mismo tiempo, estamos empezando a preocuparnos porque cada vez nos cuesta más concentrarnos para comprenderla.

La ciencia ficción lleva décadas imaginando máquinas que adquieren conciencia, superan a sus creadores y finalmente toman el control. Desde 2001: Odisea del espacio hasta TerminatorMatrix o Black Mirror, hemos construido innumerables relatos sobre nuestra sustitución tecnológica, imaginábamos máquinas arrebatándonos violentamente el control, pero existe otra posibilidad mucho menos cinematográfica: que seamos nosotros quienes se lo entreguemos voluntariamente, poco a poco, a cambio de comodidad.

Primero dejamos que escriban un correo, después que hagan la tarea, luego que lean el documento, más tarde que seleccionen las noticias, después que nos digan qué comprar, qué mirar, qué escuchar y posiblemente qué pensar (aunque muchos teóricos de la comunicación y las ciencias sociales ya han dicho que esto ya esta sucediendo)

No necesitamos convertir esta discusión en una guerra contra la inteligencia artificial. Sería absurdo. La IA probablemente será una de las herramientas más transformadoras creadas por nuestra especie y puede abrir enormes posibilidades para la educación, la ciencia, la medicina, la comunicación y el conocimiento, precisamente por eso necesitamos seres humanos capaces de utilizarla críticamente.

Si nuestros estudiantes están perdiendo capacidad de lectura, comprensión y razonamiento mientras las máquinas adquieren capacidades intelectuales cada vez mayores, la respuesta educativa no puede consistir simplemente en llenar las aulas de más tecnología, tal vez necesitamos exactamente lo contrario de lo que parece sugerir nuestra época: enseñar nuevamente a detenernos, leer, escribir, discutir, equivocarnos, resolver problemas y construir ideas propias.

La pregunta del futuro no será solamente qué tan inteligente llegará a ser la inteligencia artificial, será también qué tan dispuestos estamos los seres humanos a seguir haciendo el esfuerzo de pensar. Porque quizá el dominio de las máquinas que durante décadas imaginó la ciencia ficción no comience cuando una computadora decida tomar el control, quizá comience el día en que nosotros decidamos que pensar ya no vale la pena.

Etiquetado:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Category List

Vídeos, click en la imagen