Home / Editorial / Opinión / #Opinion – Un país que falla a sus niños

#Opinion – Un país que falla a sus niños

Por: Elkin Calvo*

Colombia vuelve a estremecerse con una noticia que no debería repetirse nunca más: el hallazgo sin vida de Valeria, una niña de apenas diez años que desapareció el pasado 5 de agosto en Cajíca un municipio cercano a Bogotá y cuyo cuerpo fue encontrado 18 días después, cerca del río donde inicialmente había sido buscada sin éxito. Se trata de un hecho doloroso que golpea el corazón del país entero, no solo porque se perdió la vida de una menor, sino porque una vez más se confirma que en Colombia la niñez sigue siendo desprotegida, violentada e invisibilizada.

Foto: tomada de internet

No se trata de un caso aislado ni de una tragedia fortuita. En Colombia las cifras de maltrato, abuso y asesinato contra niños son escandalosas y, lo más grave, parecen normalizadas. Solo en 2023, según Medicina Legal, 607 menores fueron asesinados, más de 11.400 niños fueron víctimas de violencia infantil —entre abuso sexual, violencia intrafamiliar y maltrato físico— y al menos 280 se suicidaron. En 2024 las cifras no mejoraron: entre enero y agosto ya se habían registrado 375 homicidios de menores y más de 11.800 exámenes médico-legales por presunto abuso sexual. Estos números deberían estremecer a cualquier sociedad, pero en Colombia se convierten en cifras que pasan sin causar el cambio urgente que se necesita.

La indignación crece cuando recordamos cómo la sociedad entera se estremece con ciertos asesinatos —los de hombres poderosos, blancos, de apellido— mientras que las muertes de niñas, de niños, de los más pobres, apenas se convierten en un titular pasajero, en un grito que dura unas horas y luego se diluye en la amnesia colectiva. No podemos seguir permitiendo que la vida de los más vulnerables valga menos que la de quienes ostentan poder o dinero. La vida de Valeria vale tanto como cualquier otra, y su muerte debería bastar para sacudirnos como país entero.

Hoy no bastan las promesas de justicia ni los discursos de ocasión de políticos que siempre aparecen cuando la tragedia ya está consumada. Lo que se necesita es un cambio profundo, cultural y estructural: dejar de criar hombres para la violencia y la dominación, dejar de invisibilizar la voz de las niñas, dejar de normalizar el maltrato como si fuera parte de la vida cotidiana. La violencia contra la infancia no se soluciona con leyes aisladas ni con titulares de prensa: se soluciona desmontando el patriarcado que sostiene estas prácticas y construyendo una sociedad que ponga la vida de los niños en el centro.

A la familia de Valeria, un abrazo inmenso en medio del dolor más devastador. No hay palabra que pueda consolar semejante pérdida, pero sí debe haber un país que grite junto a ustedes, que no olvide, que no archive este caso como una estadística más. Que Valeria no sea recordada solo como “la niña hallada muerta”, sino como el símbolo de un clamor colectivo que exige que nunca más una niña, un niño, tenga que sufrir la violencia y la indiferencia de un país que parece haberse acostumbrado a perderlos.

Porque la muerte de Valeria no puede pasar a la página siguiente de un periódico ni ser olvidada entre tantos titulares. Debe dolernos, debe indignarnos, debe perseguirnos. O cambiamos como sociedad desde la raíz, o seguiremos contando niñas muertas, niños abusados y familias destrozadas mientras aplaudimos discursos hipócritas. Ya no podemos callar más. Si no hacemos nada, Valeria no será la última. Y esa sería nuestra peor condena como país.

_________

*Comunicador social con énfasis en educación, magíster en comunicación–educación con énfasis en cultura política e investigador doctoral en estudios sociales, en la línea de subjetividades, diferencias y narrativas con énfasis en cuerpos, tecnociencias y digitalización de la Vida. Profesor universitario y autor del libro YouTube como ecosistema comunicativo.

Etiquetado:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *