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Bogotá estrena La Rockera, un monumento a los 30 años de Rock al Parque

La escultura, elaborada con aproximadamente 30.000 proyectiles reciclados, fue instalada en el Parque Simón Bolívar. La obra del artista bogotano Maquiamelo rinde homenaje a las mujeres, los músicos y las generaciones que han construido la historia de uno de los festivales gratuitos más importantes de América Latina.

Bogotá tiene un nuevo monumento dedicado a su historia musical. Se trata de La Rockera, una escultura de bronce que representa a una mujer con una estética asociada al rock y que permanecerá en el Parque Metropolitano Simón Bolívar como homenaje a los 30 años del Festival Rock al Parque.

La obra fue creada por el artista bogotano Rafael Melo, conocido como Maquiamelo, y tiene una característica particular: está elaborada a partir de aproximadamente 30.000 balas recicladas, transformadas en una pieza artística que busca convertir un material asociado con la violencia en un símbolo de memoria, música y convivencia.

La escultura mide 3,87 metros de altura, incluido su pedestal de granito, y pesa alrededor de 1.200 kilogramos. Su ubicación permanente será en el acceso al Parque Simón Bolívar por la calle 63, uno de los lugares más representativos para quienes han asistido al festival durante las últimas tres décadas.

Una mujer nacida entre el público de Rock al Parque

La historia de La Rockera comenzó durante una presentación de la banda española Bala, un dúo de grunge y stoner rock que participó en una de las ediciones recientes del festival.

Mientras observaba el concierto, Maquiamelo encontró entre el público a una joven que participaba en el pogo. Tenía el cabello negro y llevaba unos audífonos adornados con taches. Aquella imagen llamó su atención y se convirtió en el punto de partida de la escultura.

Esa misma noche comenzó a realizar dibujos y posteriormente elaboró una primera versión en plastilina. La idea era representar no solamente a una persona, sino la identidad de quienes durante décadas han encontrado en Rock al Parque un lugar para expresarse libremente.

La elección de una figura femenina tampoco fue casual. El artista quiso reconocer el papel que las mujeres han desempeñado en la construcción de la escena rockera bogotana, tanto sobre los escenarios como entre el público y en los procesos culturales de los barrios.

La escultura incorpora elementos de esa identidad, como audífonos, taches y una estrella en el ojo. También cuenta con una placa conmemorativa que reúne nombres de bandas nacionales, internacionales y distritales que han participado en la historia del festival, además de un código QR para ampliar la información sobre la obra.

Carolina Portela, guitarrista de la banda colombiana de heavy metal Highway, destacó que este homenaje también representa un reconocimiento a las mujeres que han contribuido a consolidar el rock en Bogotá.

Para la artista, las mujeres han sido fundamentales en los procesos musicales y culturales que se han construido desde los barrios, abriendo espacios y fortaleciendo una escena que hoy forma parte de la identidad de la ciudad.

Treinta mil balas que dejaron de ser instrumentos de violencia

Uno de los aspectos más significativos de La Rockera es el material utilizado para su construcción.

Según explicó Maquiamelo, la obra fue elaborada mediante la técnica de fundición a la cera perdida, utilizando aproximadamente 30.000 proyectiles reciclados de diferentes calibres.

“Quiero que tengan otro uso; que estas balas pasen a ser arte y no que tengan que ser otra vez instrumento de muerte”, expresó el escultor.

El proceso de creación también estuvo relacionado con la memoria de Bogotá. La fundición se realizó en un taller ubicado en el barrio San Jorge, en Puente Aranda, frente al Parque Zonal Villa Mayor.

De acuerdo con el relato del artista, este lugar tiene una carga histórica particular por su relación con antiguas prácticas funerarias y con la memoria de personas enterradas sin identificar en terrenos asociados al Cementerio del Sur.

Así, la escultura reúne distintos significados: la música como expresión de libertad, la presencia de las mujeres en el rock y la posibilidad de transformar objetos relacionados con la violencia en una obra destinada al encuentro ciudadano.

Rock al Parque, mucho más que un festival

Desde su creación, Rock al Parque se ha convertido en uno de los acontecimientos culturales más importantes de Bogotá. Durante tres décadas ha reunido a diferentes generaciones alrededor del rock, el metal, el punk y otras expresiones musicales.

Su importancia no se limita a los conciertos. El festival también ha permitido que numerosas bandas locales encuentren escenarios para mostrar su trabajo y que jóvenes de diferentes localidades compartan experiencias alrededor de la música.

Para muchas personas, Rock al Parque representa además una parte de su historia personal: los primeros conciertos, las amistades construidas entre canciones, los encuentros en el parque y la posibilidad de compartir un espacio público sin importar el origen social o las diferencias culturales.

El alcalde Carlos Fernando Galán señaló que el festival se convirtió en un lugar de encuentro y convivencia para la ciudad, y que la nueva escultura busca reconocer esa historia construida alrededor de las guitarras, las canciones y la libertad.

Por su parte, Santiago Trujillo, secretario de Cultura, Recreación y Deporte, explicó que La Rockera también es un homenaje a los gestores culturales, las bandas y los públicos que han mantenido vivo el festival durante estos 30 años.

La instalación hace parte de una iniciativa distrital para promover el arte en el espacio público, junto con otras intervenciones escultóricas y de arte urbano realizadas en diferentes sectores de Bogotá.

Un monumento para la memoria musical de Bogotá

La Rockera no representa a una cantante famosa ni a una banda en particular. Su protagonista es una mujer anónima, inspirada en alguien que disfrutaba de un concierto entre miles de asistentes.

Esa elección permite reconocer que la historia de Rock al Parque no ha sido construida únicamente por los músicos que suben a las tarimas, sino también por quienes han acompañado el festival desde sus comienzos.

Durante 30 años, el público ha sido una parte fundamental de este encuentro cultural, apropiándose del Parque Simón Bolívar como un lugar para la música, la convivencia y la expresión de distintas identidades.

Con La Rockera, Bogotá incorpora al espacio público un símbolo de esa memoria colectiva.

Treinta mil balas convertidas en una mujer de bronce recuerdan ahora que el arte también puede transformar los significados de la violencia y que la cultura se construye desde las calles, los barrios, los escenarios y las personas que los habitan.

La próxima vez que los asistentes lleguen al Parque Simón Bolívar por la calle 63 encontrarán una nueva figura que parece esperarlos antes de entrar al festival.

Una rockera que permanecerá allí, incluso cuando se apaguen los amplificadores, para recordar que durante tres décadas Bogotá también ha escrito su historia a ritmo de guitarras, rebeldía y libertad.

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